Cristóbal Balenciaga: Modernidad, elegancia y tradición
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Cristóbal Balenciaga: Modernidad, elegancia y tradición

Cristóbal Balenciaga: Modernidad, elegancia y tradición

Si Dior es el Watteau de la costura, lleno de matices, chic, delicado y oportuno, entonces Balenciaga es el Picasso de la moda, porque, como el pintor, Balenciaga guarda un profundo respeto por la tradición y posee un depurado estilo clásico que subyace a todos sus experimentos con lo moderno.
Cecil Beaton

Así definía Cecil Beaton la obra del genial Cristóbal Balenciaga. Intimo amigo de Balenciaga, realizó algunos de los retratos más familiares e interesantes del diseñador. Disciplinado, perfeccionista y reservado, así era el más misterioso de los Grandes diseñadores. A diferencia de Dior, Balenciaga se distinguía por su discreción, no concedía entrevistas, tan sólo concedió una a Prudence Glynn una vez retirado del mundo de la moda, dicha entrevista se publicaría en el diario The Times en 1971. Mientras los desfiles de Dior estaban marcados por la ostentación y la teatralidad, los de Balenciaga se distinguían por su sobriedad, tan sólo un número para distinguir cada modelo y, a pesar de que tanto él como Givenchy presentaban sus creaciones un mes después, sus desfiles despertaban gran expectación y gozaban de una amplia cobertura por parte de los medios.

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De padre marinero y de madre modista, Balenciaga creció en el seno de una familia modesta. Su madre confeccionaba prendas a la marquesa de Torres y el pequeño Balenciaga a menudo acompañaba y ayudaba a su madre en la confección de las mismas. Con apenas 12 años fue capaz de reproducir un vestido de la marquesa de Torres, quién asombrada por el talento del pequeño financió su formación y le ayudó en sus primeros pasos. Eisa fue el nombre de su primera Casa de Moda, en homenaje a su madre, a la que estaba muy unido y a la que debe su pasión por la costura.

Balenciaga reconoció siempre la gran admiración que sentía por Vionnet, Louiseboulanger y Chanel, en especial por ésta última. En 1917 durante una visita de Chanel a San Sebastián, Balenciaga conoció a Chanel. Aquel encuentro fue el inicio de una bonita y estrecha amistad. Chanel diría que Balenciaga era el único “couture”. Por otro lado, la última aparición pública de Balenciaga fue en el entierro de Chanel. Con Vionnet también mantuvo una estrecha amistad, de hecho la diseñadora era una clienta habitual de Balenciaga.

Si observamos de cerca su obra podemos observar la evolución y el crecimiento de este gran creador. Sus líneas fueron eliminando lo superfluo hasta llegar a unas líneas depuradas que esconden una gran complejidad bajo esa aparente sencillez. Prendas calificadas como escultóricas por la perfección en su construcción, de ahí que se hable de él como “el arquitecto de la moda”. Merece la pena observar de cerca sus prendas, costuras insólitas, costuras deliberadamente escondidas, apenas perceptibles, o por el contrario, con formas sorprendentes e inusuales, drapeados que desvían la mirada de la cintura, bordados cuidadosamente dispuestos, nada queda al azar… Las espaldas de las prendas son tan interesantes como el delantero, especialmente por cierta holgura que otorga un bonito punto de distinción a la silueta.

Su personal y muchas veces arriesgada forma de utilizar el color contrasta con la sobriedad de sus creaciones confiriendo cierto dramatismo a la imagen final. En París el círculo de Balenciaga incluía cierto número de artistas, como Braque y Chagall o sus compatriotas españoles Picasso, Miró y Palazuelo, y hay quien defiende la influencia que éstos tuvieron en su particular forma de comprender el color. Mezclas insólitas, inusuales e intensas que son una seña de identidad más de un trabajo que siempre raya la perfección. Hay quien habla de él como el “Leonardo de la moda”, porque no dudaba en descoser y comenzar de nuevo si no quedaba satisfecho, a semejanza de cómo el gran Leonardo Da Vinci retomaba y modificaba su obra ante la insatisfacción del resultado.

En cuanto a la evolución de las líneas, podemos apreciar como la línea de los hombros comenzó a relajarse y a hacerse más oblicua hacia 1946. Durante los años cincuenta surgen líneas nuevas que arrebataban el protagonismo a la cintura y se alejaban del ensalzamiento de las curvas femeninas reivindicado por el New Look de Dior. Así daría paso a la línea marinera, la línea túnica, la línea saco, la línea Imperio, el Baby Doll… Durante los años sesenta se depuran estas líneas y Balenciaga comienza a innovar y experimentar con tejidos, tanto naturales como sintéticos. Trabajó estrechamente con el fabricante textil Abraham de Zúrich, a quien encargaba esas maravillosas sedas de muchos de sus vestidos. A finales de los años cincuenta Balenciaga probó los nuevos sintéticos producidos por Zurich, entre ellos los tejidos elaborados con lúrex. En todo caso, la modernidad es algo inherente a los diseños de Balenciaga, pero siempre unido la elegancia y la sofisticación, ineludibles señas de identidad del Gran Maestro.

En su obra se puede apreciar los amplios conocimientos de sastrería que poseía, adquiridos en San Sebastián al inicio de su carrera. De ahí, su destreza y maestría al trabajar con el tweed y el paño, y su obsesión por crear la manga perfecta. También hay una clara fuente de inspiración en el arte español de los siglos XVII al XIX, es evidente la influencia de Velázquez, Zurbarán o Goya en su obra. Desde una temprana edad, en la casa de la marquesa de Torres, pudo acercarse al arte, ya que el matrimonio atesoraba obras de grandes pintores, en especial de Goya. Del mismo modo, se encuentran referencias a la indumentaria regional o campesina, así como elementos propios de la cultura española, como los encajes propios de las mantillas, suntuosos bordados o sus maravillosas chaquetas labradas.

La experiencia en la confección de vestidos clericales, así como las imágenes provenientes de ciertas obras, principalmente de Zurbarán, también tuvo un gran peso en su obra. Su manera de cortar las prendas en formas simples, basadas en círculo, semicírculos o túnicas podían conseguirse mediante el recogido y el anudado del tejido en lugar de usar pinzas y costuras. Las últimas colecciones del diseñador y los vestidos nupciales en seda gazar son un claro ejemplo de ello.

En su obra también se encuentran diseños inspirados en otras culturas, como el abrigo Kabuki y los vestidos sari, provenientes del diseño japonés e indio. A pesar de todo, encontró una gran fuente de inspiración en la historia, de hecho guardaba una importante colección de indumentaria y de textiles de gran valor histórico, así como revistas y grabados, especialmente de los siglos XVIII y XIX. Entre sus últimos trabajos está el diseño de los uniformes de Air France, que fue muy criticado en Francia, en parte por la elección de un diseñador que no era francés. En concreto, el uniforme de invierno fue especialmente criticado por las azafatas debido al peso del tejido y por su aspecto militar.

En 1968 Balenciaga, decepcionado por el camino que había tomado la moda, cerró su empresa. En su opinión el prêt à porter y la producción masiva habían llevado la moda a la vulgaridad. Murió un año después de dejar la moda, el 23 de marzo en Jávea, dicen que en los brazos del que fuera su compañero sentimental, Ramón Esparza, que también trabajó en la Casa Balenciaga. La discreción que siempre le distinguió hizo que, aun hoy, se le considere un personaje misterioso bajo el que se esconde la genialidad del Gran Maestro que sin duda ha sido.

Os recomiendo el documental “permanecer en lo efímero”, una de mis escenas preferidas es en la que Givenchy relata la emoción que sintió cuando conoció a Balenciaga, alguien a quien admiraba profundamente. Una historia preciosa si tenemos en cuenta que esa amistad se mantuvo a lo largo de su vida y, que aun hoy, las palabras de Givenchy siguen encerrando la misma emoción al hablar de él.

Podéis disfrutar de su obra en el museo Balenciaga, situado en Getaria, donde sus prendas están dispuestas con un cuidado exquisito dentro de un interesante proyecto arquitectónico en el que se integra el Palacio Aldamar, antigua residencia de los marqueses de Casa Torre, abuelos de la reina Fabiola de Bélgica y mentores de Balenciaga en sus primeros años de carrera. Yo no pude resistirme a llevarme el libro que ha editado el Museo y que encierra una maravillosa recreación fotográfica de su obra. Una buena propuesta para un fin de semana, un pueblo con encanto, bañado por esos maravillosos paisajes de la costa vasca, del que emerge la perfección, la elegancia y la sobriedad del Gran Cristóbal Balenciaga. Sin duda, volveré…

Aquí tenéis el enlace a la web del Museo de Cristóbal Balenciaga y al documental emitido por TVE en 2009:

cristobalbalenciagamuseoa.com
www.rtve.es/mediateca/videos/20090604/balenciaga-legado-mito/519318.shtml

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