Mujeres de Agua | Los secretos del Delphos de Mariano Fortuny
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pequeñas historias

Los secretos del Delphos de Mariano Fortuny

Fortuny, estaba escrito en letra de imprenta sobre la caja. Entonces desató el lazo y levantó la tapa. Lo que descubrió sobre el papel de seda liso le provocó un escalofrío de placer; totalmente enrollado y retorcido sobre él mismo, dispuesto para ser sacado, el vestido azul y plata de Hilda.
Eustace and Hilda, L.P. Hartley

Mariano Fortuny y Madrazo, además del gran pintor que sin duda fue, se encuentra detrás de unos de los vestidos más admirados de la historia de la moda, “el Delphos”. Este ligero y sensual vestido otorgaba a la mujer una sensación completamente nueva, una libertad de movimientos desconocida para unas mujeres que habían vívido bajo la opresión del corsé.

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El color es uno de los atributos indiscutibles de las prendas de Mariano Fortuny. La intensa y deslumbrante gama cromática, así como los matices irisados y cambiantes a la luz, se deben a los tintes empleados por Fortuny en su fabricación. Todos los tintes que utilizaba eran naturales, elaborados mediante fórmulas secretas extraídas de antiguos manuales sobre el arte de la tintorería, así como de viejas recetas que le fueron confiadas por artesanos venecianos. Fortuny unió la tradición con la técnica moderna, buscando fórmulas magistrales para la estampación de tejidos con los que simulaba habilidosamente características de las texturas antiguas e, incluso, irregularidades y defectos que pudieran presentar los tejidos antiguos como consecuencia del paso del tiempo.

Aunque Fortuny nunca fabricó tejidos, poseía un profundo conocimiento técnico sobre ellos, de hecho atesoraba una importante colección de tejidos de gran valor histórico. Compraba los tejidos sin teñir y sin haber recibido tratamiento alguno. Empleaba sobre todo sedas importadas de India, China o Japón, por ser éstas las más finas que podía encontrar, ya que con ellas conseguía esos delicados y sútiles plisados. Nunca reveló estas fórmulas y esto dio origen a una bonita leyenda, según la cual, al día siguiente de su muerte, su viuda, Henriette, arrojó al agua de los canales de Venecia los colores elaborados por su marido, para que nadie pudiera reproducirlos. Se conserva una carta de 1952 de María Cardona, amiga de Henriette, en la que suplica que la confiese el secreto “de este arte de estampar a mano, como tú lo hacías en otro tiempo, por ser triste que cosas tan bellas desaparezcan y tan siquiera duren a veces más que sus creadores…”. A pesar de los numerosos análisis que se han efectuado de los tejidos, todavía no ha sido posible encontrar la fórmula exacta de estos colores, por lo que la reproducción aun hoy es muy complicada, manteniendo ese carácter exclusivo que tenían cuando fueron creados por Fortuny.

Fortuny patentó el sistema para crear esta forma única de plisar el tejido en junio de 1909. La patente, como era de esperar, facilitaba la mínima información sobre el sistema, indicando únicamente que la manera de conseguir el plisado era apretando y retorciendo fuertemente entre las manos bandas de tela mojada hasta conseguir arrugarla en el sentido del largo de la misma, y seguidamente llevar a cabo las ondulaciones horizontales mediante un mecanismo que hacía pasar el tejido húmedo por una serie de tubos metálicos que con el calor fijaban de forma permanente las ondulaciones del tejido. El plisado de sus prendas, es conocido mundialmente con el nombre de “Fortuny”, y hay historiadores que sostienen que utilizaba una mezcla de almidón y clara de huevo para obtener su personal y exclusivo plisado. Sobre esta base, pocos meses más tarde, Fortuny registró en París lo que sería el modelo Delphos. El corte del vestido es muy sencillo y se estructura sobre cuatro trozos de tela de igual tamaño que se cosen entre sí uniendo los anchos. El vestido se ajusta a los hombros mediante el cosido del borde superior de la tela y deja, lógicamente, una abertura central para introducir el cuello y, dos laterales para la entrada de los brazos.

Los primeros Delphos fueron diseñados de acuerdo con el prototipo propuesto en la patente, fueron réplicas casi literales del llamado chitón poderes, la túnica que luce el famoso bronce del Auriga de Delfos, de quién toma el nombre. Sin embargo, sobre este modelo se harían posteriormente pequeñas modificaciones. Quizás la más llamativa se refiera al aumento del número de piezas de tela utilizadas en su confección, que pasó de cuatro a cinco para permitir con ello que el vestido pudiera ser llevado por mujeres más corpulentas.

A pesar de que aparentemente son iguales, al ser piezas únicas, ninguno es idéntico al anterior. A lo que hay que añadir ligeros cambios, como por ejemplo, el largo de las mangas, diferentes tipos de escote, pueden tener sobretúnica o no, así como diferentes largos. En caso de que el modelo llevase mangas, las aberturas laterales se unen con los bordes del escote por medio de una lazada para facilitar los ajustes de aquellas. El sistema de cierre era a través de unas preciosas cuentas de vidrio de Murano, que se fabricaban expresamente para el Delphos. Estas bellas y delicadas piezas se colocaban insertas en un cordoncillo de seda a lo largo de los bordes y costuras laterales del mismo. Todo esto es lo que ha llevado a que los Delphos se hayan convertido en prendas únicas e intemporales, deseadas y cotizadas pequeñas obras de arte.

En todas las biografías publicadas de Mariano Fortuny se incide en el importante papel que jugó su mujer, Adéle Henriette Elisabeth Nigrin, como su más leal colaboradora. No se sabe con exactitud hasta dónde llegó tal colaboración, pero del contenido del testamento de Henriette parece deducirse su colaboración en la confección de estos maravillosos vestidos: “… lego a la Nación española, todo lo que constituye la obra de Mariano Fortuny y Madrazo, mi marido, pinturas, dibujos, aguafuertes, acuarelas, planos y modelos de teatro, cúpula y difusores, lámparas y reflectores Fortuny,… y también las Etoffes Fortuny, creados, estampados y tintados según su invención, así como las ropas, abrigos, vestidos y trajes creados por mi marido y por mí…”.

Hace unos años tuvimos la suerte de disfrutar de una exposición dedicada a este maravilloso artista en el Museo del Traje de Madrid y se editó un libro que a mí personalmente me gustó mucho “Mariano Fortuny: Inspiraciones”, así que os lo recomiendo a los que queráis saber más sobre éste magnífico artista. Yo me he centrado en el Delphos, pero toda su obra es muy interesante, por supuesto la pictórica, pero también el resto de la indumentaria que creó, las técnicas de estampación que desarrolló, el vestuario y decoración para obras de teatro, sus innovaciones en la iluminación escenográfica, como su famosa cúpula, o esas fantásticas fotografías de Venecia, que proyectaba para agasajar a sus invitados.

Os dejo el enlace al Museo Fortuny de Venecia, a la visita virtual de la la exposición que se realizó en el Museo del Traje en el año 2010 y una entrevista con el comisario de dicha exposición:

www.museiciviciveneziani.it/frame.asp?musid=2&sezione=musei&tipo=

museodeltraje.mcu.es/index.jsp?id=547&ruta=3,16,170,556

 

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