Mujeres de Agua | Elsa Schiaparelli, delicada extravagancia
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pequeñas historias

Elsa Schiaparelli, delicada extravagancia

La moda que no se hace para las masas no es moda, pues muere al nacer.
Elsa Schiaparelli

El pasado 10 de mayo se inauguró en el Met Museum de Nueva York la exposición “Schiaparelli y Prada: Conversaciones imposibles”, una exposición que invita a la reflexión sobre el posible paralelismo entre dos grandes nombres dentro del mundo de la moda, Elsa Schiaparelli y Miucca Prada. Dichas similitudes parten de la relación que ambas mantienen con otros artistas, de la innovación en los materiales con los que construyen sus prendas, y la repercusión que ha tenido su trabajo. Aunque también hay evidentes diferencias, muchas de ellas derivadas de un contexto histórico muy diferente. De hecho, Miucca Prada ha insistido en que ésta es la visión del Met Museum, no la suya, y ha declarado que sus colaboraciones con otros artistas no se han producido dentro del mundo de la moda, sino en el arte. Hoy mi post está dedicado a la primera de ellas, Elsa Schiaparelli, la eterna rival de Chanel y una de las diseñadoras más admiradas y sorprendentes de la historia de la moda.

La leyenda dice que su carrera comenzó al conocer a Paul Poiret, un personaje por el que siempre confesó tener una profunda admiración. Elsa asistió a un desfile como acompañante de una millonaria norteamericana y, tras finalizar el desfile, fue sorprendida por Poiret mientras se probaba un abrigo. Supuestamente Poiret la preguntó por qué no se lo compraba, a lo que Schiaparelli respondió que no podía permitírselo y que tampoco tendría ocasión de lucirlo. En ese momento Poiret la respondió que una mujer como ella podía llevar cualquier cosa en cualquier ocasión y, seguidamente, la regaló aquel abrigo.

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A pesar de que siempre se la recordará por su vinculación al surrealismo, sus inicios están relacionados con la funcionalidad y la comodidad de la moda americana, probablemente derivado de su estancia en Norteamérica. Schiaparelli provenía de una familia culta y bien situada. Estudió filosofía y cultivó un secreto amor por la poesía. En 1913 la joven asistió una tarde a una conferencia sobre teosofía en Londres, tras la que le presentaron al ponente, el conde William de Wendt de Kerlor, con el que se casaría en 1914 pese a la oposición de sus padres. En 1919 se trasladaron a Norteamérica y finalmente el conde abandonó a Elsa, dejándola a cargo de una hija enferma. Al poco tiempo el conde iniciaría una apasionada relación con la bailarina Isaadora Duncan. Es en este momento cuando se inicia su carrera como diseñadora. En la puerta de su primera tienda en la Rue de la Paix, Schiaparelli escribió “Tour le Sport”. Elsa pretendía vestir a la mujer moderna con el estilo que había visto en Estados Unidos, es decir, nada de complicados trajes a medida sino prendas funcionales y cómodas que puedan combinarse fácilmente. Para la confección de estas prendas se unió a una familia armenia que convertía sus originales diseños en prendas de punto de gran calidad. Diseñó suéteres con motivos africanos, tatuajes marineros o elementos geométricos. También diseño ropa deportiva, sobre todo para el ski o el tenis, muy en tendencia en aquélla época. Estos modelos encontraron una gran aceptación en el mercado americano. Entre sus primeras clientas estaría Anita Loos y la seguirían Katharine Hepburn, Joan Crawford y Greta Garbo.
Sin embargo, el surrealismo fue su gran fuente de inspiración. La influencia recíproca con otros artistas de otras disciplinas supuso un gran enriquecimiento para su particular y personal forma de entender la moda. Sus prendas eran atrevidas, destilaban ironía y provocación, nunca pasaban desapercibidas. El negocio de Schiaparelli vivió su máximo esplendor durante un período de cinco años, desde la inauguración de su salón hasta el estallido de la II Guerra Mundial en 1939. La prensa se deshacía en elogios alabando su creatividad y gozaba de un gran respeto en los círculos artísticos. La diseñadora adaptó los principios surrealistas a la moda al separar los objetos cotidianos de su entorno habitual y mostrarlos en un contexto totalmente nuevo. Sus colaboraciones con artistas como Salvador Dalí dieron una nueva dimensión a sus creaciones. Entre ellas está el célebre el zapato que convirtió en sombrero al doblar la suela de color rojo hacia arriba. La idea de este desconcertante sombrero partió de una fotografía que Gala le tomó a Dalí estando en puerto Lligat en 1933. En ella, el artista llevaba un zapato de mujer sobre la cabeza y otro en el hombro derecho. Después vendrían otras colaboraciones como el vestido de cajones o el vestido de lágrimas, un vestido de noche cuyo tejido parecía tener ya cierto uso. Salvador Dalí colaboró en la creación de un tejido “desgarrado” destinado a una capa que acompañaba a dicho vestido. Sin embargo, una de las colaboraciones con más repercusión fue un enorme bogavante que Dalí pintó para decorar un vestido de organza blanco que luciría Wallis Simpson, y con el que fue retratada por Cecil Beaton con el fin de mejorar su imagen pública tras el revuelo causado por la renuncia al trono de Eduardo VIII para contraer matrimonio con ella. Si bien, las declaraciones de Dalí indicando que la langosta era un símbolo sexual no contribuyeron precisamente a mejorar su imagen.

Su afición por las bromas surrealistas y su afán por llamar la atención convirtieron a EIsa en la compañera ideal de cualquier artista. La diseñadora se inspiró en Picasso cuando estampó telas con artículos de periódico, y Jean Cocteau realizó delicados dibujos para sus bordados, como la americana con una mano bordada sobre la cintura. La empresa Lesage confeccionó exquisitos bordados para ella, piezas dignas de estar en un museo, hoy día muy buscadas en todo el mundo. Los pintores Christian Bérard, Vertès y Van Dongen también trabajaron para ella, al igual que el poeta Louis Araagon y los polifacéticos Cecil Beaton y Man Ray. Bajo la inspiración de dicho círculo artístico creaba sus colecciones. La primera se llamó “Detente, mira y escucha”, a la que siguieron, entre otras, “Música”, “Circo”, “Mariposas”, “Commedia dell’Arte”, “Astrología”, “Pagar y llevar”…. Una de las más famosas fue la colección Circo, en la que la emblemática firma Lesage, vinculada siempre a la Alta Costura, decoró sus míticos boleros, una de las prendas más características de Schiaparelli.

Schiaparelli utilizó materiales nuevos, nunca usados hasta ahora, como aspirinas para confeccionar collares, convirtió en plástico a escarabajos y abejas para sus creaciones de bisutería, decoró trajes de noche de Alta Costura con cremalleras y elaboró vestidos con lo último en materiales sintéticos. Estos nuevos materiales reforzaban esa imagen surrealista de sus creaciones. Consiguió lo que los futuristas habían deseado una generación atrás: confeccionar prendas con todos los materiales imaginables y, de este modo, romper con la percepción tradicional del vestido. A pesar de los recursos efectistas para llamar la atención del público, las propuestas de esta diseñadora italiana en realidad eran sencillas y prácticas, eran prendas cómodas y fáciles de llevar.

Su forma de utilizar el color era audaz y con un gran efecto teatral. Su más célebre creación cromática fue el shocking pink, un rosa brillante que se utilizó en paquetes, barras de labios y en los tejidos de muchas de sus prendas. Precisamente su última colección, lanzada en 1952, se llamó precisamente Shockíng Elegance, y su biografía publicada en 1954, Shocking Life .

Su éxito comercial fue enorme, en 1930 se estima que el volumen de ventas de la casa era de alrededor de unos veinte millones de francos al año, con veintiséis talleres que empleaban a más de dos mil personas. En 1939, debido al inicio de la Segunda Guerra Mundial, sus talleres pasaron a contar con menos de ciento cincuenta empleados. Durante la guerra, Schiaparelli huyó a Estados Unidos, y no volvió a Francia hasta 1945. A partir de ese momento, Elsa, que nunca había querido someter la imaginación a las exigencias comerciales, se encontró hundida en importantes problemas económicos. Sus modelos no parecían adecuados para aquellos tiempos de posguerra. Sus creaciones no encajaban en el nuevo panorama impuesto por Christian Dior con el New Look. Hasta su muerte, en 1973, vivió de los ingresos derivados de sus perfumes, de cuyas licencias no se deshizo nunca, aunque su carrera como diseñadora había terminado en 1954, precisamente la misma fecha en que Coco Chanel regresó a París tras 15 años de exilio. Su perfume más apreciado, que salió al mercado en 1938, fue bautizado con el nombre de, Shocking, y con él se relaciona una anécdota que sin duda contribuyó a las ventas. Se cuenta que la artista Leonor Fini había diseñado el frasco tomando como modelo el torso con las medidas de Mae West. Décadas más tarde, Gaultier renovó esta idea con el lanzamiento de un perfume para mujer en un torso femenino y un torso masculino para el hombre.

Coincidiendo con la inauguración de la exposición, se ha anunciado el regreso de la Maison Schiaparelli. En 2006 los derechos y los archivos de Schiaparelli fueron comprados por la firma Tod´s. Diego Della Valle indicó que serían fieles a las ideas excepcionales y creativas de Schiparelli, pero sin perder la contemporaneidad. Desde la nueva Maison Schiaparelli nos insisten en que estemos atentos a sus complementos, uno de los puntos fuertes de la Gran Elsa Schiparelli. Hace dos años nos sorprendíamos con el regreso de otra mítica casa, Madeleine Vionnet, de la mano del diseñador Rodolfo Paglialunga, el próximo octubre nos desvelarán quién continuará el legado de ésta emblemática diseñadora, aunque tendremos que esperar a octubre para poder ver la primera colección.

Os dejo los enlaces al Met Museum y a la web de la nueva Maison Schiaparelli:

www.metmuseum.org/impossibleconversations
www.youtube.com/watch?v=MfCXcbXuw4A
www.schiaparelli.com

2 Comentarios
  • Johnb192
    Publicado a las 18:46h, 25 julio Responder

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    • gema
      Publicado a las 23:38h, 25 julio Responder

      Thank you so much for your beautiful words!

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